A los afectos que perduran... Ellos mueven el mundo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Lo que hacemos lo aprendimos para sobrevivir.

El comportamiento de una persona es un libro abierto en el que leer su historia. A través de sus pequeños gestos, de lo que elige, de lo que rechaza, de lo que hace siempre, de lo que no hace nunca, de sus reacciones... nos habla sin saberlo y sin quererlo de las cosas que le han pasado ...
Aquello que hago siempre y aquello que no hago nunca se ha convertido en una conducta rígida tras la que a duras penas intento protegerme de las mismas heridas que en el pasado, cuando era una niña, quizás una adolescente, me causaron un daño demoledor.
Tras cada sentimiento, cada sensación a la que a penas puedo poner palabras aunque sean las que mueven mi vida hay siempre una historia de la que no soy consciente. Hace ya mucho que convertí en hábitos mis reacciones a sucesos pasados, (y a sucesos presentes que me recuerdan los pasados)  y así formé mi personalidad de la que estoy tan orgullosa y que tantos problemas me causa a veces:
¿Qué me ha pasado en mi vida cuando al expresar mis sentimientos, mis debilidades me siento vulnerable?
O ¿qué me ha pasado en mi vida que temo comprometerme? ¿O qué me pasó que ahora soy incapaz de mostrar a otros con satisfacción mis cualidades o ponerme un vestido especial sin sentir pudor?
A todos nos faltó el apoyo, todos de una u otra manera hemos tenido carencias que siguen siendo visibles.
Lo que hacemos ahora lo aprendimos para sobrevivir. Nos hizo falta y nos salvó en un momento dado. Era lo mejor que podíamos hacer en un pasado en el que vivíamos en manos de otros.  Pero ahora podemos ya elegir si queremos seguir manteniendo lo que no nos hace felices, o queremos y podemos cambiarlo. Si queremos empezar a experimentar con una conducta más flexible que baile con el mundo al compás de nuestras emociones.

lunes, 15 de agosto de 2011

Fantasía ¿veneno o remedio?

Todos dedicamos tiempo a soñar, o lo hemos hecho en algún momento de nuestra vida. Yo no soy diferente del resto. Aunque ahora que me paro a pensarlo me doy cuenta de que no hablo ya de ello. Y por lo poco que oigo a otros hablar de sus sueños veo que sienten la misma resistencia que yo.
Quizás sea porque en una época en la que "el tiempo es oro", todo se traduce en términos de utilidad y rentabilidad económica, los adultos olvidamos lo que no da una ganancia inmediata, nos volvemos prácticos en masa y soñar se deja atrás como cosa de niños y adolescentes: No pasa de ser una gran pérdida de tiempo.
Pero aunque haya muchas personas que así lo creen, ni los sueños, ni la imaginación, ni la fantasía son una pérdida de tiempo. No necesariamente.
Son la antesala de la acción. Me sirvieron para explorar el futuro en busca de posibilidades. O para explorar el pasado en busca de errores, de razones que en su momento no vi, de emociones que se me escaparon..., de una visión más amplia en definitiva. Son una fuente inagotable de conocimiento de mi misma, de mis necesidades y de mis deseos. Me dan la posibilidad de inventar, de crear una vida más plena. Son una puerta abierta a la novedad, al cambio y a la evolución, y me alejan de un aburrimiento que ahoga. Son la chispa que arde en mi interior y que me impulsa más allá de lo que soy. Son la voz con la que me habla el Universo. La energía que mueve a la Humanidad en su camino.
Cuando me abstraigo de la realidad presente y me sumerjo de lleno en una historia en la que soy directora,  guionista y actriz lo hago buscando saciar una necesidad que aún no está satisfecha. Pasar a un mundo paralelo en el que mis deseos se hacen realidad. En el que puedo encarar un problema ensayando libremente y sin miedo al error, las diferentes posibilidades, y puedo sacar conclusiones de una forma simbólica. Imagino palabras que digo, que me dicen. Me imagino viviendo, del mismo modo en que lo hago o de otro diferente. Me imagino actuando y luego imagino a otros respondiendo con sus actos a los míos en una sucesión de interacciones que no sé adonde conducen de antemano, y que a veces tienen el poder de sorprenderme. Allí, al final del camino encuentro conclusiones que nunca hubiera encontrado de otro modo. Y en el fondo de las historias que guardan un patrón que se repite de diferentes modos puedo hallar mi corazón al desnudo. Allí puedo hacerme las preguntas más certeras. ¿Por qué necesito imaginar esto? ¿Qué me dice?...
Pero al igual que una sustancia  puede ser veneno o medicina al mismo tiempo, imaginar cosas que podrían ocurrir o fantasear con lo imposible puede ser peligroso o beneficioso a la vez y es la dosis la que marca la diferencia.
Abusar, por exceso o por defecto, puede convertirse en una trampa que deja escapar el presente y con él la verdadera vida,  una vida más feliz:
Vivir en el pasado recordando viejas glorias, sintiendo que el presente nos proporciona una vida inadecuada. O vivir en el futuro pensándolo de mil maneras pero sin hacer nada en el aquí y ahora. Sin encontrar la proporción correcta para que ni el pasado ni el futuro echen a perder el presente. O vivir sin imaginación y de espaldas a la fantasía fijándome así a una realidad en la que no hay cambios, que aburre y que ahoga por lo repetitiva. O vivir sólo de fantasía como eterno adolescente que paró de evolucionar. O peor aún perderse en la niebla de la ilusióncreerse las propias fantasías perdiendo el contacto con la realidad y traspasando el límite de la cordura. Pues cuando uno siente una necesidad y desconoce la verdadera causa de ese vacío, las ilusiones se convierten en su amo y él en su esclavo.
Todas ellas son dosis poco recomendables.

El hábito de escaparse a través de la fantasía es un signo de abandono o abuso, un resto de una época de la infancia en la que no podíamos defendernos, ni huir, ni elegir algo diferente. Sólo podíamos resistir al arrullo de una amiga que nos recordaba que la belleza y el amor existían aunque fuera en sueños. Los niños cuando no tienen recursos para afrontar situaciones difíciles usan la fantasía para sobrevivir, como único sustento frente a una realidad dolorosa que no les da lo que necesitan, amor, seguridad y aceptación sobre todo.Pero crecen y todo cambia y ya si pueden elegir y buscar la belleza y el amor allí donde se encuentran, en el mundo real.

(A mis hijas con amor )

Del primer curso en formación Gestalt en Centro Defábula, Granada

domingo, 12 de junio de 2011

"La experiencia más bella que podemos tener es la de lo misterioso" Einstein

La vida es demasiado breve y demasiado misteriosa. Tanto que sorprende y asusta si nos atrevemos a parar por un instante la actividad incesante en la que, sin hacernos pregunta alguna, nos embarcamos.
"¿Donde estoy? ¿A qué causas debo mi existencia y a qué condición retornaré?" (David Hume)
Muchos filósofos se han hecho una y otra vez a lo largo de los siglos las mismas preguntas. Y muchos más que no pasaron a la historia del pensamiento humano también se las hicieron. Y se las hacen.
"¿Donde estoy? ¿Qué quiere decir mundo? ¿Qué significa esta palabra? ¿Quién me ha introducido en todo esto y me ha dejado ahora abandonado aquí? ¿Quién soy yo? ¿Cómo he venido al mundo? ¿Por qué no fui preguntado, por qué no se me hizo conocer las costumbres y convencionalismos, sino que se me situó en la fila como si hubiese sido comprado por un comerciante de almas?" (Kierkegaard)
"Cuando considero la poca duración de mi vida, absorbida en la eternidad precedente y siguiente, me espanto y me asombro de verme más bien aquí que allá.... ¿Quién me ha puesto aquí? ¿Por orden y autoridad de quién este lugar y este tiempo me han sido destinados?" (Blaise Pascal)
Aunque seguramente son mayoría los que nunca se las hacen... Como sociedad occidental hemos perdido la relación mágica y misteriosa con la tierra y con el universo, ya no hay tiempo ni lugar para dar cobijo a las preguntas que no tiene respuesta...
Sin embargo, y aunque me lanzaron aquí sin preguntarme y sin saber la razón, me veo enfrentada a buscar un sentido que me sirva para vivir. Y vivir lo mejor posible. Yo encuentro el sentido colaborando con mi pequeño grano de arena..., cuando tengo la fortuna de hallarlo..., en:
-La transformación social. Todo cambio exterior comienza en el interior de los sueños y de la imaginación de cada persona que participa en ella.
-La mejora de la educación.
-La contribución a una ética global: Tenemos responsabilidad por todo lo que hacemos y por lo que no hacemos. Todas nuestras decisiones y acciones, tanto como nuestras desganas de actuar, tienen consecuencias sobre los demás y sobre el mundo que creamos.
-La búsqueda de la paz.
-El aumento de la conciencia ecológica.
-La felicidad interior.
-A través de la admiración de la belleza, del arte.
-La creación en sí, un poder al alcance de todos los seres humanos. Creación no ya de una obra de arte, sino de cualquier obra, grande o pequeña, una pintura, una buena comida o un arreglo en el jardín, y sobre todo la creación del día a día de nuestra vida.
Creación con entusiasmo. Una palabra bella que significa "tener un dios dentro de sí". La persona entusiasta cree en sí misma, en los demás, en la fuerza que tiene para transformar el mundo y su propia realidad.
El peor de los dramas que un ser humano puede sufrir es carecer de entusiasmo, carecer de todo tipo de ideales, no aspirar a nada pues eso convierte la vida en una burda representación. Ahí cesa la vida y acaba el ser vivo aunque continúe en apariencia y ya sin alma y  lleve a los demás a tomar por vivas personas que hace mucho que murieron.
-Y amar... quizás lo que más carga de sentido la vida. "Amar es la causa, la seña y la justificación de la vida. Amarlo todo de Dios abajo. Es decir, aquí no hay abajo ni arriba: amarlo todo. Amarlo todo menos lo que es pereza de amar. Porque en el fondo de nuestro desamor y de nuestro automatismo que todo lo lleva a mal llevar, no hay más que pereza. Sacudámosla, pues; esforcémonos: nada más que esto, y habremos justificado nuestra vida: reformándonos nosotros mismos solamente, ya habremos reformado al mundo."(Joan Maragall)

Sobre "Inteligencia espiritual" de Francesc Torralba

domingo, 9 de enero de 2011

Sentimientos, los grandes "avisadores" de la vida (II)

Los sentimientos son los grandes "avisadores" de la vida, me muestran de una manera ineludible lo que necesito, aquello que echo en falta o aquello que me sobra. Al escuchar mis emociones y sentimientos me veo en mi realidad más profunda.
Los sentimientos revelan lo que es importante y significativo para mí y lo que no lo es.
A veces no descubro lo que de verdad quiero porque salgo demasiado rápido de cualquier emoción o sentimiento desagradable. A veces desarreglo y bloqueo el proceso que me lleva a la acción (emociones y sentimientos que me muestran lo que me interesa, aquello con lo que estoy involucad@, aquello que necesito para después hacer algo, pasar a la acción y  satisfacer la necesidad, crecer, progresar, desarrollarme)
¿Cómo bloqueo el proceso?
*Con falsas creencias que hemos heredado de otros y aceptado sin reflexionar y sin poner a prueba.
*Permitiendo que experiencias pasadas y ya obsoletas sigan actuando. Quizás algunas estrategias nos fueran útiles en el pasado, quizás entonces fueran adecuadas pero ya no lo son.
*Permitiendo que queden sin cerrar asuntos pasados e inconclusos. Guardar asuntos pasados eternamente pendientes, necesidades insatisfechas en su momento que ya no pueden satisfacerse porque la persona de la que se trata ya no está o no es como era.
En definitiva con ideas, creencias, fantasías y recuerdos que no nos dejan vivir con fluidez, con verdad. Entonces rechazamos lo que "es" ahora, ponemos en marcha mecanismos de defensa ante lo que nos evoca el pasado y nos desviamos de nuestro verdadero sentir de hoy. 
Surgen sentimientos falsos, necesidades falsas, acciones erróneas, que nos apaciguan momentáneamente pero no nos satisfacen de verdad. Y así convertimos el afecto en dependencia, el miedo en pánico y terror, el enojo en cólera y furia, la tristeza en desolación y depresión y la alegría en manía eufórica.
Son también sentimientos falsos y disfuncionales que nos avisan de que en algún momento el proceso natural se ha torcido: la rabia, la culpa, los celos, la impotencia, la vergüenza, la apatía, la lástima, el rechazo, el resentimiento, el desprecio, la envidia, la fragilidad, el hastío, la humillación, la incapacidad, la inseguridad, la resignación, la sumisión, la dominación, la venganza, etc. Son además, sentimientos devaluantes y minimizantes.
Cualquier sentimiento y emoción que va contra la propia estima o que tiene como objetivo el daño ajeno, no es sano, es falso y lleva a la infelicidad no al desarrollo ni a las satisfacción de mis verdaderas necesidades.


Del curso "Sentimientos y emociones en las relaciones de ayuda"
Myriam Muñoz Polit

martes, 4 de enero de 2011

"Sentimientos y emociones me muestran lo que necesito"(I)

Llevo en mi interior un impulso instintivo de supervivencia física y un impulso hacia la vivencia psicológica y espiritual. Esos impulsos se manifiestan a través de las sensaciones, de las emociones y de los sentimientos.
Es cierto que yo puedo vivir de espaldas a ellos, creer en mi omnipotencia y pretender que no tengo o no siento  miedo, enfado, tristeza,  afecto o lo que sea, incluso que no siento hambre, frío o dolor.Tengo en mí el poder de movilizar fuerzas que anestesien lo que siento. Puedo negar, reprimir o insensibilizarme, pero ese poder es siempre temporal y limitado, es siempre una condición transitoria. Lo que siento me lleva, (si no "bloqueo" el proceso natural) hacia la vida y, más temprano que tarde, vuelve si cabe con más fuerza. Si me empeño en negar y reprimir, si sigo insensibilizada ante mis emociones me convierto en una persona rota, en un conglomerado de fuerzas dispares. Actriz en la vida real y por tanto falsa; con mi parte más auténtica amordazada. Y si tengo que fingir ser lo que no soy es que estoy profundamente avergonzada de lo que soy y de lo que siento.Y vivo (o quizás muero) con una "lista negra" de emociones y sentimientos que "no me permito sentir" quizás porque en algún momento alguien que me importaba los juzgó como inadecuados. Pero cuando me quedo a solas o el "ruido exterior" cesa, mi parte escondida a los ojos de mi consciencia y del mundo me grita a través de mi insatisfacción que sigue ahí y que se la está ignorando...
Cuando niego necesidades y carencias, cuando vuelvo la espalda a mis sentimientos sólo consigo estar inconscientemente insatisfech@ y verme como una persona inadecuada y sin valor.
Me engaño sólo a ratos y a los demás en menos ocasiones de las que imagino. Todos poseemos en nuestro interior una facultad capaz de diferenciar lo genuino de lo falso, y no se trata de una facultad que trabaja sólo con los sentidos sino de otra que penetra por detrás de las palabras hasta el ser interior y es capaz de diferenciar entre una presencia unificada y otra que es un conglomerado. Realmente poseemos una facultad de rayos X. El problema es que es fácil nublarla. Pero hay un conocimiento interior de que existe la posibilidad de estar constituido y de vivir de una forma diferente.
Sentir es una reacción hacia algo que me interesa. Los sentimientos me dan una excelente información de lo que es importante para mí, de aquello que necesito saber y aceptar. Sentir es estar involucrada con algo que me importa porque hay alguna necesidad no cubierta.Ignorarlo no me sirve sino para alargar el proceso.
Escuchar lo que nos dicen es por tanto vital.
La emoción es la reacción fisiológica y psicológica más primitiva sin elaboración, sin parte cognitiva.
El sentimiento es el significado que le doy a la emoción y es creado culturalmente por los seres humanos. La emoción es el diamante en bruto. El sentimiento es la emoción elaborada con pensamientos, el diamante tallado.
Cuanto más desarrollada una cultura o una persona, más fino hila, más palabras y conceptos tiene para nombrar y describir una experiencia y poder, de este modo, compartirla con otras personas: *Aburrimiento *Aceptación     *Amor  *Alegría  *Atracción  *Bondad  *Compasión  *Confianza  *Confusión  *Curiosidad  *Desencanto  *Empatía  *Enfado  *Entusiasmo  *Esperanza  *Fortaleza  *Frustración  *Interés  *Libertad  *Miedo  *Nostalgia  * Optimismo  *Paciencia  *Pesadumbre  *Preocupación  *Pudor  *Reserva  *Respeto  *Seguridad  *Serenidad  *Simpatía  *Soledad  *Tentación  *Ternura  *Tristeza  *Valentía  *Vulnerabilidad... Todos ellos y muchos más promueven mi desarrollo si los escucho, los entiendo y actúo en consecuencia. Aunque los básicos son: El miedo, la tristeza, el enfado, el afecto y la alegría.El miedo, que me ayuda a protegerme de lo dañino y a no ser excesivamente osad@; la tristeza que me permite alejarme del mundo que me desilusiona y regresar a mí; el enfado, que me impulsa a establecer  justos límites y me ayuda a defenderme ante los abusos y los requerimientos injustos o desproporcionados de otras personas. El afecto que me permite a vincularme y crear relaciones estables. La alegría, que es la energía de la vida, aquella que me da las ganas de hacer cosas, de trabajar, de crear, de reír y bromear, de vivir.
Estoy en el mundo. Vivir es estar en relación continua y me surgen necesidades (fisiológicas, psicológicas, de transcendencia). La primera forma en que una necesidad se expresa en mí es con una sensación  (*Ansiedad   *Agotamiento   *Cansancio   *Alivio   *Debilidad   *Fuerza   *Asaco   *Placer   *Dolor   *Irritabilidad   *Satisfacción   *Insatisfacción...) que se convierte en emoción, que bautizo  y se convierte en sentimiento que me pone en contacto con mis necesidades. Y me hace ver lo que quiero y pasar a la acción cuando el proceso no está bloqueado. Sólo si tengo consciencia de lo que siento podré satisfacer mis necesidades auténticas. Sin embargo el ideal de nuestro mundo actual parece ser no sentir nada mucho más allá del placer y no actuar si no es tras él y al parecer much@s "casi" lo logran... Y mentimos sin pudor al decir: "No estoy triste", "No estoy enfadado"... Tenemos la maldita tendencia a evitar lo desagradable en vez de a "explorar" de qué nos habla. Sentir  necesidad es desagradable porque hay una sensación de desequilibrio y de carencia.  Pero ese es el motor que me mueve y me empuja a salir y a cambiar continuamente. A evolucionar. A vivir plenamente.

Del curso "Sentimientos y emociones en las relaciones de ayuda" impartido en Granada (Centro De Fábula) por Myriam Muñoz Polit del Instituto Humanista de Psicoterapia Gestalt A. C de México.

lunes, 1 de noviembre de 2010

ACEPTAR, ASUMIR...

Mi malestar interior, mi desequilibrio viene de no aceptar lo que soy, todo lo que soy...
Esto no significa que sea inadecuada. O que en mí haya partes inadecuadas.
No hay nada terrible, nada vergonzoso en mí. No hay nada, ni puede haberlo, que no forme también parte de cualquier otro ser humano. No hay nada que me convierta en inferior. Nada que me haga valer menos. Como humana puedo sentir celos, envidia, odio, ira y todo el abanico de emociones, de sentimientos, desde un extremo al otro.
Puedo haber nacido y crecido en un desierto emocional, pobre en recursos, que no me dio los modelos adecuados que me abrieran la puerta a la felicidad interior. Pero lo que realmente me daña no es sentir alguna vez una punzada de cualquiera de las emociones negativas condenadas por nuestro entorno. Ni que existan muchas cosas que todavía no he aprendido. Lo que me daña es no aceptarlo, no verlo, no ser consciente y no estar así en condiciones de cambiarlo.El mismo hecho de verlo y aceptarlo ya introducirá un cambio importante. Y lo que más me daña es rechazarlo como impropio de mí. Se vuelve entonces un elemento dañino de mi personalidad porque pasa a estar prohibido a mi consciencia. Prohibido reconocerlo, pensarlo, expresarlo o que otros lo expresen y me lo digan. Prohibido. Lo destructivo es que este elemento permanece distanciado de los demás aspectos de mi personalidad y me hace ser varias en vez de una. Y a partir de ahí hablar como varias, según la ocasión,  en lugar de como una. Tener partes en mi interior que luchan entre sí. Estos aspectos dañinos lo son porque están prohibidos. Por ello mi tarea fundamental no es prohibir sino aceptar. Lo dañino desaparece cuando lo acepto, sea lo que sea.
Si no acepto y asumo, creo un cuerpo extraño en mí que irrita y perturba mi calma. Cualquier suceso que no asumo es un invasor extranjero del que quiero librarme evadiéndolo, mirando a otro lado y lo hago gritándole a alguien, dejándome maltratar, dándome a la bebida o a cualquier otra adicción, enfrascándome en el trabajo de forma obsesiva, o puedo descargarlo sobre mi cuerpo y desarrollar una úlcera... Las posibilidades son numerosas. Pero lo que no asumo me crea un tremendo malestar y éste acaba saliendo de una u otra forma siempre destructiva. Lo no asumido es un veneno corrosivo.
Pero no hay nada que nadie pueda hacer para "obligarme" a asumir sentimientos que la sociedad tacha de inadecuados, o aceptar mi historia personal, mis carencias o cualquier otra cosa que yo haya decidido negar, negarme. ACEPTAR es un acto que tiene lugar en mi interior. Debe venir de mi propia libertad. Si alguien me lo impone convertirá el acto de asumir en algo, si no imposible, sí muy difícil.
Pero si entro en comunicación real, con una persona que acepta y asume en su interior todas las emociones sin condenarlas (lo cual no quiere decir dejarlas campar a sus anchas, ni dejarse arrastrar por ellas o permitir que guíen nuestra conducta y dañen a otros), que acepta y asume su pasado, sus vivencias, sus pérdidas, de la madre, del hijo, del amante, de las ilusiones, de la juventud, de una amistad, del lugar de nacimiento, de la salud... Que acepta la propia mortalidad, la pequenez, la fragilidad, las limitaciones, lo que le hace uno más y parte de la humanidad, también los dones, las habilidades que le hacen único y capaz de aportar su verdad al mundo; entonces yo tengo más posibilidades de hacerlo también.
Busquemos, pues, como camino hacia nuestro bienestar interior, la comunicación, la amistad, la relación con personas que aceptan y asumen, ellas nos ayudan, con su ejemplo, a construirnos, a crear, a superar los aspectos que nuestra familia o nuestro entorno nos negó. Son personas con las que podemos tener una relación auténtica.
Por algo la filosofía oriental lleva milenios promoviendo la aceptación como medio de paz y felicidad interior.

domingo, 17 de octubre de 2010

Hacia el bienestar interior

¿Cómo resolver mi sufrimiento interior?
Encontrando en mí la voluntad firme de querer llegar hasta el núcleo de mi insatisfacción, malestar, miedo o sufrimiento en cualquiera de sus formas.
¿Y cómo llegar hasta mi propio y profundo conocimiento interior?
A través de los demás: Familia, amigos, pareja, psicólogo, incluso desconocidos con los que entramos en comunicación. La comunicación ilumina.
Y si sabemos qué nos pasa y por qué, podremos tomar más decisiones acertadas que aumenten nuestro bienestar.
En su primera cita con el psicoanalista Wilfred Bion una persona que incluso se había mudado de ciudad para poder asistir a sus sesiones le dijo:
-En realidad no sé por qué estoy aquí, pero creo que usted será capaz de entenderme y de ayudarme.
Bion respondió:
-Si supiera el porqué, no estaría aquí; no habría malgastado su tiempo en venir. Ya no tendría el problema. Ha venido a verme precisamente porque no sabe por qué ha venido.
La mayoría de las personas sabemos de nuestro malestar interior pero ignoramos su verdadera causa. Esos problemas comenzaron a gestarse cuando éramos demasiado pequeños para razonar y hablar de lo que sucedía a nuestro alrededor y quedaron en nuestra memoria en forma de emociones. Hay muchas cosas que se nos escapan, que nos resultan oscuras.
Algunos, si acuden a un psicólogo, eligen un posible motivo que a veces es sólo una "tapadera", o sólo una parte de las dificultades que esa persona tiene.
Son nuestras emociones las que están sufriendo y no sabemos por qué. Necesitamos aceptar que se trata de un problema que perturba nuestro espíritu, que nos trastorna el corazón. Ese es el sentido que le damos cuando lo llamamos "problema".
¿Por qué comienzo a resolver este sufrimiento cuando hablo con otra persona?
¿Es que la persona con la que hablamos sabe lo que nosotros no sabemos?¿Y si nos lo dice cesa nuestro malestar porque ya nos conocemos?
¿O es que el acto de la comunicación en sí misma actúa como iluminador?
Las otras personas, sobre todo las que nos conocen, pueden ver en nosotros algunas cosas, incluso muchas. Y si son psicólogos tienen teorías o principios generales que adquieren significado cuando se encarnan en los detalles de la experiencia de vida de una persona. Pero ya Freud descubrió que decirle a una persona la causa escondida de su sufrimiento no vale para nada. Nuestra conciencia racional no está conectada con el lugar en el que está almacenada la emoción, o el recuerdo que nos hizo daño. El miedo no desaparece automáticamente, los problemas no se alivian cuando se le imparten conocimientos al que sufre. Al menos no es la forma principal de resolver el problema. Es una solución impuesta desde fuera para explicar algo y que no responde a las emociones con las que esa persona se identifica.
Lo crucial no es el conocimiento en sí mismo, sino más bien algo relacionado con el proceso de adquisición de dicho conocimiento. Es la propia comunicación la que ilumina. En ella van las semillas de nuestros descubrimientos sobre nosotros.
El primer paso de la comunicación es poner en palabras mis pensamientos y mis sentimientos, pensar sobre ellos, entenderlos y transmitirlos a los demás de una forma reconocible para otros. (Si pervierto el uso del lenguaje y te transmito algo contradictorio e ininteligible que no puedo sostener no me estoy comunicando. La comunicación supone siempre reducir incertidumbre, despejar dudas. Aunque hay personas que por miedo usan las palabras de una forma oscura para controlar las situaciones, para mantener una permanente ambigüedad que les permite manipular y dominar las interacciones con los otros. O para no exponerse a oír lo que les daña en exceso, etc.)
Por tanto cruzar el espacio que nos separa a ti y a mí con un puente de palabras ya me da algo que no tenía. Y es un paso difícil. (Esto no significa hablar de todo con cualquiera. Yo elijo libremente qué y con quién)
Puede que tengamos retazos de conocimiento aislado y desconocemos que los tenemos. Retazos que permanecen dormidos en la mente hasta que un día despiertan en forma de descubrimiento. Han entrado en relación con otros conocimientos y pasan a formar parte de algo más amplio que ya existía. El acto del entendimiento de nosotros es el resultado de encontrar una buena "imagen" interior en relación con la zona problemática. De un explicar voluntario, acertado, con sentido y en relación a nuestras emociones.
Las personas con las que entramos en comunicación nos ofrecen modelos diferentes, pensamientos, opiniones, preguntas e interrogantes, modos de sentir y actuar distintos que provocan que nos veamos con más claridad. A veces nos ofrecen su imagen (más o menos acertada)de nosotros.
La interacción da sabiduría. Y va mejorando y ampliando esa "imagen" de lo que nos hace sufrir. Voy añadiendo piezas hasta formar un todo cada vez más completo.
Y conocerme a mí mismo hasta donde me sea posible es el criterio fundamental por el que soy capaz de entender a los demás.
Ambas cosas van unidas y son esenciales. Entender a los demás abre la puerta a la verdadera comunicación y a los afectos auténticos. No se ama verdaderamente lo que no se conoce, ni nos amamos ni amamos a otros.
Por algo todos los sabios han apoyado el "conócete a ti mismo".
Pero esto sólo es una parte...Llegar a mis zonas sensibles, superarlas, sanarlas, requiere más aún...
Bibliografía: "Una conversación curativa" Neville Symington